entra a borbotones y me infla el pecho y me sacude los brazos
me levanta con sus dedos brillantes las comisuras de los labios
y sonrío, otra vez, olvidando el frio de esta helada.
Todavía temblando, con las mejillas ardiendo
me guardo la sonrisa para lo que queda del día
(Impacto súbito, 1983)

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