La lluvia es para los ociosos.
Para esas personas que no tienen que coger el coche y hacer kilómetros, o correr detrás de autobuses
que pueden quedarse en casa escribiendo poemas sobre la belleza de una gota
resbalando por el cristal de la ventana
y suspiran y aspiran el olor a tierra mojada
y hasta se permiten defender lo romántico que es pasear bajo ella
por las calles
melancólicas (las calles y ellas)
Yo, me cago en la lluvia, por si alguien me pregunta.
Por lo demás, no sé qué decir.
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